Comentario sobre “Sintiéndote racional”

El ensayo de hoy trata uno de los estereotipos más comunes acerca de la racionalidad. Que las emociones son irracionales y la racionalidad implica indiferencia. Aunque creo que Yudkowsky lleva toda la razón en la defensa que hace, me gustaría aclarar y añadir algunas cosas.

La primera es que el final de este ensayo toca un tema que va a ser común a muchos otros. La racionalidad no es un fin, es una herramienta. La intención de ser más racional solo está ahí para que seamos más eficaces a la hora de conseguir alcanzar nuestras metas. Y parte de lo que sacas de ser racional es una visión mucho más clara del mundo que te deja concretar cuales son tus metas.  De ahí la importancia de aprender a preocuparse y aprender a sentir de verdad las cosas que te importan.

Lo que dice Eliezer es muy cierto, en general lo sofisticado es ser cínico. Solo los niños pequeños con su visión inocente del mundo o algunos adultos con sus locuras, como los religiosos o los que quieren más a los animales que a las personas tienen algo que les importe. Para diferenciarse de estos la posición suele ser distanciarse de las cosas que nos importan. Creernos superiores al resto de la gente solo porque les importa algo o porque no admiten que el mundo es una mierda. Es muy interesante que la posición más intelectual sea simplemente admitir que el mundo está mal y aceptar que es imposible arreglarlo y por eso es mejor no hacer nada. (Creo que en realidad esta no es la posición de los que de verdad han pensado acerca del mundo sino de los que quieren pretender que son intelectuales o de los que han pensado pero no lo suficiente como para dar el último paso. Hay una diferencia importante. Os recomiendo esto: Metacontrarianism y todos los posts relacionados. El autor es uno de los mejores escritores de la comunidad y el tema es muy interesante.)

Lo interesante de este tipo de error (como con todos los errores que voy a ir presentando en los ensayos) es que generalizan muy bien y que es infinitamente más difícil darse cuenta de cuando somos nosotros los que lo estamos cometiendo. Por ejemplo os voy a poner uno de los ejemplos más controvertidos. Cito a Yvain/Scott Alexander del artículo que he puesto más arriba:

“Pregúntale a cualquier niño de cinco años y te dirá que la muerte es mala.La muerte es mala porque te mata. No hay nada sutil sobre ello y no tiene por qué haberlo. Un primer análisis nos lleva a concluir que la muerte es mala…”

En esta primera parte vemos el primer análisis. Y como antes, hay que diferenciarse de él. ¿No querréis que os confundan con un niño de cinco años, verdad? Así que para demostrar que somos más inteligentes (sigue Scott):

“[…]la muerte tiene algunos pequeños beneficios. Reduce la superpoblación, permite a una nueva generación desarrollarse sin la influencia de sus mayores, te da la motivación para trabajar deprisa… Precisamente porque los beneficios son más pequeños que el coste es difícil darse cuenta de ellos. Encontrarlos requiere una mente bastante inteligente […] así que sirve como señal de inteligencia. […] y cuándo alguien intenta discutirte después que la muerte es mala, bueno, esa opinión es la que te daría un niño de cinco años así que no debes ser mucho más inteligente que un niño de cinco años.”

Y hasta aquí el ejemplo. Me gustaría saber que pensáis sobre él porque aunque a primera vista puede parecer fácil e incluso estúpido (o tal vez no, no se que pensaréis) tiene mucho potencial para dar pie a una conversación muy interesante sobre coherencia de valores.

Para terminar me gustaría añadir que creo que el estereotipo de racionalidad presentado en el ensayo tiene algo de verdad. Muy poca y viene toda de entender mal como funciona la racionalidad pero creo que merece la pena el apunte.

La confusión viene porque aunque un racionalista puede sentir, puede expresar sus emociones y además tenderá a actuar como crea oportuno con sus emociones en lugar de ignorarlas también es verdad que en determinados casos la maquinaria mental que nos lleva a tener emociones fuertes tiende a limitar mucho la habilidad de razonamiento explícito. ¿Habéis intentado alguna vez pensar con claridad mientras estáis muy enfadados? Es muy difícil porque el enfado hace que sea complicado hasta darse cuenta explícitamente de que estás enfadado y dar el paso de ver la emoción desde fuera para ver si es racional o no requiere mucho esfuerzo.

Aquí es donde viene lo interesante: la racionalidad aplicada debe tener técnicas (y las tiene) para facilitar este proceso y permitir analizar en primer lugar si la emoción que tenemos es racional (comprobar que no estamos enfadados por culpa de un goblin) y después, si la emoción es racional, notarlo, decidir si es importante y apartarla para poder actuar de la mejor manera posible. Ser capaz de aceptar una emoción, entender que es lo que nos transmite y después apartarla para poder actuar de la mejor forma posible puede verse desde fuera como impasibilidad absoluta. Pero no lo es, es simplemente la capacidad de no dejar que las emociones nublen nuestros pensamientos pero sin ignorarlas. Darnos cuenta de cosas como: “Esto duele y no quiero que vuelva a suceder” sin dejar que el dolor nos inutilice para que nos permita actuar de la mejor forma posible para evitarlo la próxima vez.

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