Sintiéndote racional

Sintiendote racional

Una creencia popular acerca de la “racionalidad” es que se se opone a las emociones. Que toda nuestra tristeza y toda nuestra alegría son automáticamente ilógicas simplemente por ser emociones. Pero extrañamente no he sido capaz de encontrar ningún teorema de la probabilidad que demuestre que debería tener un corazón de hielo y mantenerme indiferente ante cualquier cosa.

Así que, ¿es la racionalidad incompatible con las emociones? No. Nuestras emociones aparecen al considerar nuestros modelos de la realidad. Si creo que mi hermano muerto ha revivido me pondré contento. Si me despierto y me doy cuenta de que ha sido  un sueño, me pondré triste. P.C. Hodgell dijo: “Todo lo que pueda ser destruido por la verdad debería serlo.” Mi felicidad mientras soñaba se oponía a la verdad. Mi tristeza al levantarme es racional, no hay verdad que la destruya.

La racionalidad comienza preguntando cómo es el mundo, pero se propaga viralmente a cualquier otro pensamiento que dependa del estado del mundo. Tus creencias acerca de cómo es el mundo pueden venir dadas por cualquier cosa que creas que haya en la realidad, que no tienen porque existir; cualquier cosa que para ti este en el conjunto de cosas que hacen que otras sucedan. Si crees que hay un goblin en tu armario que ata tus zapatos por los cordones, esto es una creencia acerca de cómo es el mundo. Tus zapatos son reales; puedes cogerlos. Si hay algo ahí fuera que puede llegar a tus zapatos y atarlos juntos ese algo también debe ser real. Debe formar parte de la vasta red causal que llamamos “universo”.

Estar enfadado con el goblin que te ha atado los zapatos implica un estado emocional que no viene dado sólo por cómo es el mundo. Imagínate que eres budista, que te han lobotomizado o simplemente alguien muy flemático de modo que si te encuentras con que han atado juntos los cordones de tus zapatos, no te enfadas. Esto no afectaría a tu modo de ver el mundo, seguirías esperando abrir tu armario y ver los zapatos atados. Tu enfado o tranquilidad no deberían afectar a tus creencias sobre lo que va a ocurrir. Lo que ocurre dentro del armario no depende de tu estado emocional, aunque puede que te lleve algún esfuerzo pensar de esta manera.

Pero el enfado esta enmarañado con tu estado mental y tu estado mental sí es acerca de cómo es el mundo. Te enfadas porque crees que el goblin ha atado tus zapatos. El criterio de la racionalidad se propaga viralmente, desde la pregunta inicial de si un goblin ha atado o no tus zapatos hasta el enfado resultante.

Convertirse en alguien más racional, llegar a mejores estimaciones acerca del estado del mundo, puede eliminar algunas emociones pero también puede intensificar otras. A veces negamos los hechos para huir de las emociones fuertes; nos acobardamos y nos echamos atrás, evitando la visión del mundo que nos llevó a encontrarnos esa emoción. Si te ocurre algo así estudiar racionalidad y entrenarte para no negar los hechos tus emociones se harán más fuertes.

En mis primeros días nunca estaba seguro de si era correcto tener emociones fuertes. No sabía si estaba permitido o si era apropiado. No creo que esta confusión viniera sólo de que mi joven yo tuviera un concepto erróneo de la racionalidad. He observado problemas similares en personas que no aspiran a ser racionalistas; cuando están contentos se preguntan si se les permite estar contentos, cuando están tristes nunca saben con certeza si huir de la emoción o no. Desde los días de Sócrates por lo menos, y probablemente mucho antes, la forma de aparentar ser una persona culta y sofisticada ha sido esconder tus emociones y nunca dejar que nadie vea que algo te importa de verdad. Tener emociones es algo de lo que avergonzarse, es algo que no se hace en una sociedad civilizada. No te imaginas las miradas que me echa la gente cuando se dan cuenta de lo mucho que me importa la racionalidad. Creo que no es por el tema, aunque es un tema raro. Creo que es porque no están acostumbrados a ver adultos cuerdos a los que se les nota que les importa algo de verdad.

Pero ahora se que no hay nada de malo en tener emociones fuertes. Desde que empecé a utilizar la regla de “Todo lo que puede ser destruido por la verdad debería serlo” he llegado a la conclusión de que “Todo lo que la verdad sustenta debería prosperar.”

Cuando ocurre algo bueno, me pongo contento y no hay ningún tipo de confusión acerca de de si es racional estar contento. Cuando sucede algo terrible no huyo de mi tristeza buscando que me consuelen con mentiras o falso optimismo. Me imagino el pasado y el futuro de la humanidad, las decenas de billones de muertes a lo largo de nuestra historia, la miseria y el terror, la búsqueda de las respuestas, las manos que estremeciéndose se alzan lejos de toda la sangre, lo que podríamos llegar a ser un día cuando hagamos de las estrellas nuestras ciudades, toda esa oscuridad y toda esa luz. Se que escapa de mi comprensión, se que me fallan las palabras. A pesar de mi filosofía sigo avergonzándome de confesar emociones fuertes y se que probablemente te sientas incómodo al oírlas. Pero ahora sé que es racional sentir.

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