… ¿Qué es un sesgo?

Un sesgo es un determinado tipo de obstáculo a nuestra meta de obtener la verdad. (Su carácter de obstáculo viene dado por la meta que tenemos.) Sin embargo, hay muchos obstáculos que no son “sesgos”.

Si empezamos directamente preguntándonos: “¿Qué es un sesgo?” la pregunta no está en el orden correcto. Como dice el refrán, “Hay cuarenta tipos de locura pero sólo uno de sentido común.” La verdad es como el centro de la diana, un objetivo muy pequeño en el espacio de configuraciones posibles. “¿Me quiere o no me quiere?” es una pregunta binaria, pero E = mc^2 es un microscópico punto en el espacio de todas las posibles ecuaciones, como un billete de lotería ganador en el espacio de todos los billetes de lotería. El error no es una condición especial, al contrario, es acertar lo que es tan difícil a priori que requiere una explicación.

No empezamos con una obligación moral para “reducir sesgos” porque los sesgos son el Mal y simplemente No Se Hacen. Éste es el tipo de razonamiento con el que alguien puede acabar si adquiriese una obligación deontológica para ser “racional” por ósmosis social, lo que nos lleva al tipo de gente que ejecuta técnicas sin apreciar que hay una razón para hacerlas. (Algo que es el Mal y simplemente No Se Hace según ¿Ésta usted de broma, Sr. Feynman?, que leí cuando era niño.)

No. Lo que queremos es llegar a la verdad, por la razón que sea, y nos encontramos con obstáculos en el camino a nuestra meta. Estos obstáculos no son totalmente diferentes, por ejemplo podemos agrupar algunos obstáculos porque tienen que ver con que nos falta poder de computación o con que nos falta información y requeriría muchos recursos obtenerla. Lo que ocurre es que un gran grupo de los obstáculos que conocemos tiene una característica común, es decir, se suele encontrar juntos formando un grupo en una región del espacio de obstáculos a la verdad. A este grupo es a lo que llamamos sesgos.

¿Qué es un sesgo? ¿Podemos mirar al grupo que hemos creado de forma empírica y encontrar un test simple que nos permita distinguir a los miembros? A lo mejor nos encontramos con que no podemos dar una explicación y que nuestro único recurso es señalar a unos cuantos ejemplos e intentar que el lector lo entienda. Si eres un científico que acaba de empezar a investigar el fuego, probablemente sea mucho más inteligente señalar a una hoguera y decir: “El fuego es esa cosa anaranjada, brillante y que quema que hay ahí,” en lugar de decir “Defino el fuego como una transmutación alquímica de sustancias que libera flogisto.” No deberías ignorar algo sólo porque no puedas definirlo. No puedo enunciar las ecuaciones de la Relatividad General de memoria, pero aún así si salto por un precipicio me caeré. Y podemos decir lo mismo de los sesgos. No van a dejar de actuar solo porque no tengamos una definición compacta de que es un sesgo. Así que en el peor de los casos podemos señalar a cosas cómo la falacia de conjunción, el exceso de confianza, las heurísticas de disponibilidad y representatividad, ignorar las frecuencias de base… y decir: “Cosas como esas.”

Dicho ésto, solemos llamar “sesgos” a aquellos obstáculos a la verdad que vienen dados, no por costes de información o por limitaciones de computación, sino por la estructura de nuestra maquinaria mental. Tal vez esta maquinaria esta evolutivamente optimizada para oponerse activamente a la precisión epistemológica que buscamos. Por ejemplo, la maquinaria seleccionada para ganar discusiones en contextos políticos. También puede ocurrir que la presión selectiva fuera independiente de la precisión epistemológica, por ejemplo, cuando creemos lo que otros creen para llevarnos bien en sociedad. O en el modelo clásico de “una heurística, un sesgo” lo que ocurre es que la maquinaria trabaja utilizando un determinado algoritmo que hace algún trabajo útil pero que produce errores sistemáticos: la heurística de disponibilidad no es un sesgo en si misma, pero da pie a sesgos que son identificables y descriptibles de forma compacta y simple. Nuestros cerebros están haciendo algo mal y después de mucho experimentar y/o pensar, alguien identifica el problema de forma que el Sistema 2 pueda entenderlo. En ese momento pasamos a llamarlo “sesgo.” Incluso si no podemos hacer nada mejor para conocerlos sigue siendo un error que aparece de una forma concreta, de un tipo particular de maquinaria cognitiva. No ocurre por tener muy poca maquinaria, sino por tener una arquitectura determinada en nuestra maquinaria.

Los sesgos se distinguen de otros errores que emergen del contenido cognitivo, como las creencias o los deberes morales. A éstos los llamamos equivocaciones, en lugar de sesgos, y son mucho más fáciles de corregir una vez nos damos cuenta de ellos. (Aunque la fuente de la equivocación o la fuente de la fuente de la equivocación puede ser un sesgo.)

Y por otro lado, los sesgos se diferencian de los errores que vienen dados por tener un cerebro dañado o por tradiciones morales adquiridas. Los sesgos surgen de maquinaria cerebral que es universal a los seres humanos.

Platón no estaba “sesgado” por no conocer la Relatividad General. No tenía forma de obtener la información, su ignorancia no venía de la estructura de su maquinaria mental. Pero si Platón creía que los filósofos serían mejores reyes porque el era filósofo, y esta creencia venía dada por una adaptación instintiva universal que busca la supervivencia mediante la autopromoción política y no porque su papá le dijo que todo el mundo debería promover su profesión como deber moral o porque Platón esnifó mucho pegamento de pequeño, entonces estamos hablando de un sesgo, tanto si Platón lo sabía como si no.

Los sesgos pueden no ser baratos de corregir. Puede que algunos ni siquiera puedan corregirse. Pero cuando contemplamos nuestra maquinaria mental y vemos las causas de una clase identificable de errores; y cuándo el problema parece venir de la estructura evolutiva de la maquinaria, y no de que haya poca maquinaria o mal contenido cognitivo, llamamos a eso un sesgo.

Personalmente, veo nuestra misión en términos de adquirir nuevas habilidades personales para la racionalidad, es decir, en mejorar nuestras capacidades como buscadores de la verdad. El reto consiste en alcanzar la meta positiva de la verdad, no en evitar la meta negativa del fracaso. El espacio de fracasos posibles es vasto, infinitos errores de infinita variedad. Es muy difícil describir con claridad un espacio tan enorme: “Lo que es verdad de una manzana puede no ser verdad de otra manzana, así que se puede decir más acerca de una sola manzana que de todas las manzanas del mundo.” El espacio de éxitos es mucho más pequeño, por lo que se puede decir mucho más acerca de él.

Aunque no soy contrario (como puedes ver) a discutir definiciones, deberíamos recordar que no es nuestra meta principal. Estamos aquí para proseguir la gran búsqueda por la verdad: porque necesitamos desesperadamente el conocimiento y, además, somos curiosos. Para este fin esforcémonos en superar cualquier obstáculo que se ponga en nuestro camino, tanto si lo llamamos sesgo como si no.

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