Creencias en creencias

Carl Sagan contó una vez una parabola de una persona que viene y nos dice: “Hay un dragón en mi garaje.” ¡Fascinante! Respondemos que queremos ver al dragón, ¡vayamos inmediatamente a tu garaje! “¡Espera!,” nos dice esta persona, “es un dragón invisible.”

Como dice Sagan, esto no hace que la hipótesis no sea falsable. A lo mejor llegamos al garaje y aunque no vemos a ningún dragón, oímos respiración pesada que no viene de ninguna parte que veamos; aparecen huellas misteriosamente en el suelo; y los instrumentos muestran que hay algo en el garaje que esta consumiendo oxígeno y expulsando dióxido de carbono.

Pero ahora supongamos que llegamos al garaje y decimos, “Vale, iremos al garaje e intentaremos escuchar respirar al dragón,” e inmediatamente nos dicen que no, el dragón es inaudible. Proponemos medir el dióxido de carbono del aire, y nos dicen que el dragón no respira. Se nos ocurre lanzar una bolsa de harina al aire para ver si deja marcado al dragón pero nos dicen, “El dragón es impermeable a la harina.”

Carl Sagan contaba esta parabola para ilustrar el ejemplo clásico de que las hipótesis malas tienen que estar siempre preparadas para evitar que las falsen. Pero yo cuento esta parabola para ilustrar algo diferente: Que la persona que nos dice que hay un dragón en el garaje tiene que tener un modelo correcto de la situación en alguna parte, porque es capaz de anticipar exactamente de que resultados experimentales tiene que excusarse.

Algunos filósofos se quedan muy confundidos cuando ven este tipo de escenarios. Se preguntan, “¿Cree realmente que hay un dragón en su garaje o no?” ¡Como si el cerebro humano solo tuviera espacio para representar una creencia al mismo tiempo! Las mentes reales son mucho más complicadas que eso. Hay diferentes tipos de creencia; no todas las creencias son anticipaciones directas. El defensor del dragón obviamente no predice ver nada extraño cuando abre la puerta del garaje. Si no fuera así no le haría falta inventarse excusas. A la vez puede ocurrir que entre las creencias del defensor encontremos Hay un dragón en mi garaje. A un racionalista puede parecerle que estas dos creencias deberían chocar y enfrentarse incluso aunque sean de tipos distintos. Y sin embargo es un hecho que puedes escribir “¡El cielo es verde!” al lado de una foto del cielo azul sin que el papel empiece a arder.

La virtud racionalista del emprimo esta ahí para que evitemos este tipo de errores. Se supone que debemos preguntarle constantemente a nuestras creencias que experiencias predicen, hacerles pagar el alquiler en anticipaciones. Pero el problema del defensor del dragón es mucho más profundo y no puede curarse con un consejo tan simple. No es que sea difícil conectar tu creencia en un dragón con anticipar una experiencia en el garaje. Si crees que hay un dragón en tu garaje entonces puedes esperar que al abrir la puerta vas a ver un dragón. Si no ves un dragón, es que no hay un dragón en tu garaje. Es bastante obvio. Puedes incluso probarlo en tu garaje.

No, este problema de la invisibilidad es un síntoma de algo mucho más grave.

Dependiendo de como fuera tu infancia puede que recuerdes un momento en el que empezabas a dudar de la existencia de Papá Noel, pero seguías creyendo que se suponía que tenías que creer en Papá Noel, así que tratabas de negar tus dudas. Como observó Daniel Dennet, aunque puede ser difícil creer en algo suele ser mucho más fácil creer que debes creerlo. ¿Qué significa creer que el Cielo Cósmico Definitivo es a la vez perfectamente azul y perfectamente verde? Esta frase es muy confusa, ni siquiera está claro que significaría creer en ella. Que exactamente sería lo que crees si creyeras en ello. Es mucho más fácil creer que es apropiado, que es bueno, virtuoso y beneficioso creer que el Cielo Cósmico Definitivo es perfectamente azul y perfectamente verde. Esto es lo que Dennett llama “creencias en creencias.” 1

Y es aquí donde las cosas se vuelven complicadas, como es costumbre con la mente humana. Creo que incluso Dennett simplifica demasiado como funciona la psicología de este fenómeno en la práctica. Para empezar, si crees en tus creencias, no puedes admitirte a ti mismo que solo crees en tus creencias; porque lo virtuoso es creer, no creer en tus creencias así que si solo crees en tus creencias dejas de ser virtuoso. Nadie sería capaz de admitirse a si mismo que, “No creo que el Cielo Cósmico Definitivo sea a la vez azul y verde, pero creo que debo creerlo.” No lo admitirían a no ser que sean increíblemente capaces de aceptar su falta de virtud. La gente no cree en las creencias en creencias. Simplemente creen en sus creencias.

(Aquellos que encuentren esto confuso tal vez encuentren útil estudiar lógica matemática, que te entrena a hacer distinciones muy claras ente la proposición P, una demostración de P, una demostración de que P es demostrable… Del mismo modo hay distinciones claras entre P, querer P, creer en P, querer creer en P y creer que crees en P.)

Hay varios tipos de creencias en creencias. Puede que creas explícitamente en tus creencias. Puede que incluso te digas conscientemente “Es virtuoso creer que el Cielo Cósmico Definitivo es perfectamente azul y perfectamente verde.” (A la vez que crees en que crees esto, a no ser que seas especialmente capaz de admitir tu falta de virtud.) Pero también hay formas mucho menos explícitas de creencias en creencias. Tal vez el defensor del dragón teme el ridículo público que imagina que sufriría si admite que estaba equivocado (aunque, de hecho, un racionalista le felicitaría y lo más probable es que los demás se rían mucho más de él si sigue defendiendo que hay un dragón en el garaje.) O a lo mejor el defensor del dragón se acobarda al pensar que tendría que admitirse a si mismo que no hay un dragón en el garaje, abandonando su imagen personal en la que se imagina como el glorioso descubridor del dragón, que vio en el garaje lo que todos los demás no fueron capaces de ver.

Si todos nuestros pensamientos fueran deliberados y verbales como los que manipulan los filósofos, la mente humana sería muchísimo más fácil de entender para los humanos. Efímeras imágenes mentales, pensamientos que nos hacen echarnos atrás y que no nos atrevemos a decir, deseos sobre los que actuamos incluso sin darnos cuenta… todos ellos son tan parte de nosotros como nuestras palabras.

Aunque estoy en desacuerdo con Dennet en algunos detalles y complicaciones, sigo creyendo que la noción de Dennett de creencia en creencia es la revelación clave necesaria para entender al defensor del dragón. Pero necesitamos un concepto mucho más amplio de creencia, que no se limite a frases verbales. “Creencia” debería incluir cualquier cosa que controle nuestras anticipaciones. “Creencia en creencia” debería incluir cualquier cosa que guíe nuestro comportamiento cognitivo. No es psicológicamente realista decir: “El defensor del dragón no cree que haya un dragón en su garaje, pero cree que es beneficioso para él creer que hay un dragón en su garaje.” En cambio, es realista decir que anticipa como si no hubiera un dragón en el garaje, y pone excusas como si creyera en su creencia de que hay un dragón en el garaje.

Puedes tener una imagen mental normal de tu garaje, sin dragones en ella, que predice correctamente tu experiencia al abrir la puerta, y a la vez no pensar nunca la frase No hay un dragón en mi garaje. Incluso apostaría a que te ha pasado, que cuando abres la puerta de tu garaje, de tu habitación o lo que sea, y esperas no ver ningún dragón, no piensas en esta frase.

Y para retroceder al pensar en tener que abandonar tu creencia en el dragón, o para acobardarse al pensar en abandonar tu imagen personal como una persona que cree en el dragón, no hace falta pensar explícitamente Quiero creer que hay un dragón en mi garaje. Solo hace falta evitar la idea de admitir que no crees.

Para anticipar correctamente los resultados experimentales de los que vas a tener que excusarte, necesitas: (a) un modelo correcto que te permita predecir lo que va a ocurrir y (b) actuar cognitivamente para proteger o (b1) tu creencia proposicional flotante en un dragón o (b2) tu imagen de alguien que cree en el dragón.

Si alguien cree en su creencia en el dragón y a la vez cree en el dragón, el problema es mucho menos severo. No tendrán problema en aceptar exponerse a hacer predicciones experimentales, e incluso aceptar abandonar sus creencias si sus predicciones resultan ser incorrectas. (Aunque las creencias en creencias pueden interferir con esto si la creencia en si misma no es algo en lo que la persona confíe demasiado.) En cambio, cuando alguien pone excusas por adelantado, parece que requiere que sus creencias y sus creencias en sus creencias ya no están sincronizadas.


1. Daniel C. Dennett, Breaking the Spell: Religion as a Natural Phenomenon (Penguin, 2006).

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